Colmillo blanco
Colmillo blanco Tim Keenan continuó a su lado, pero Scott no le prestó mayor atención. Había conseguido introducir el cañón del revólver entre las mandíbulas en uno de los lados y estaba tratando de hacerlo en el otro. Una vez que consiguió esto, apalancó con suavidad y cuidado, haciendo que las mandíbulas fueran soltándose poco a poco, mientras Matt, en la misma medida, iba liberando el cuello destrozado de Colmillo Blanco.
—Quédese cerca para coger a su perro —fue la orden perentoria de Scott al amo de Cherokee.
El crupier se inclinó obediente y agarró con fuerza a Cherokee.
—Ahora —dijo Scott haciendo un último movimiento de palanca.
Los perros quedaron separados y el bulldog se agitó con vigor.
Colmillo Blanco hizo varios intentos infructuosos por levantarse. Lo consiguió una vez, pero sus patas estaban demasiado débiles para sostenerle y, poco a poco, se desplomó y se hundió en la nieve. Sus ojos estaban medio cerrados y la superficie aparecía vidriosa. Sus mandíbulas estaban separadas, y a través de ellas sobresalía su lengua, sucia, húmeda y fláccida. Bajo todas las apariencias, se asemejaba a un perro que ha sido estrangulado hasta la muerte. Matt le examinó.
—Está casi muerto —señaló—, pero respira.