Colmillo blanco
Colmillo blanco —Perro o lobo, es lo mismo; parece que ya lo han domesticado.
—¡No!
—Le digo que sÃ; está hecho al arnés. Mire aquÃ. ¿No ve las marcas a través del pecho?
—Llevas razón, Matt. Era un perro de trineo antes de que Guapo Smith se hiciera cargo de él.
—Y no hay razón para que no vuelva a ser un perro de trineo otra vez.
—¿Qué te parece? —preguntó Scott con entusiasmo. Luego la esperanza desapareció cuando añadió—: Lo tenemos desde hace dos semanas y, por si fuera poco, es más salvaje ahora que antes.
—Dele una oportunidad —aconsejó Matt—. Déjele suelto un rato.
El otro le miró incrédulo.
—Sà —comentó Matt—. SÃ, ya sé que lo ha intentado, pero no cogió un palo.
—Entonces prueba tú.
El conductor, protegido por el palo, se acercó al encadenado animal. Colmillo Blanco observó el palo como lo hacen los leones enjaulados con el látigo de su domador.
—Mire cómo no le quita ojo al palo —dijo Matt—. Eso es una buena señal. No es tonto. No me atacará mientras lleve el palo en la mano. No está tan loco, seguro.