Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero el dios hablaba sin parar con la misma dulzura, y su mano se levantaba y descendÃa siempre acariciándole sin hostilidad. Colmillo Blanco expresó sus sentimientos duales. Para su instinto era algo desagradable. Le limitaba y se oponÃa a su deseo de libertad. Y sin embargo, no era doloroso fÃsicamente. Por el contrario, incluso era placentero. Las caricias lentas y cuidadosas se convirtieron en ligeros frotamientos a la altura de las orejas, y el placer fÃsico aumentó un poco. Sin embargo, continuaba temiendo y permaneció alerta, a la espera de una ignorada maldad, mientras sufrÃa y disfrutaba alternativamente, según fuera una u otra la sensación que alcanzaba más intensidad y que le dominaba.
—Bueno, ¡que me aspen!
Aquello lo dijo Matt al salir de la cabaña, arremangado, con un barreño de agua sucia de fregar los platos en las manos. Se quedó petrificado en el momento de ir a arrojar el agua sucia al ver a Weedon Scott acariciando a Colmillo Blanco.
En aquel instante su voz rompió el silencio, Colmillo Blanco saltó hacia atrás, gruñéndole de forma salvaje.
Matt miró a su jefe contrariado.
—Si no le importa que exprese mis sentimientos, señor Scott, me tomo la libertad de decirle que es usted peor que diecisiete malditos locos juntos y todos diferentes.