Colmillo blanco
Colmillo blanco En el mismo instante, Matt advirtió que dos objetos yacían entre la nieve. Acercó la linterna a ellos y los señaló con el pie para que los viera su jefe: una cadena de perro de acero y un pesado palo.
Weedon Scott lo vio y sacudió la cabeza. No dijo ni una palabra. El conductor puso su mano en el hombro de Guapo Smith y le hizo dar media vuelta. No hacía falta pronunciar ni una sola palabra. Guapo Smith echó a andar.
Mientras tanto el amo acariciaba a Colmillo Blanco y le hablaba.
—Trataba de robarte, ¿eh? ¡Y a ti no te ha gustado nada! Bueno, bueno, ha cometido un error, ¿verdad?
—Debe de haber creído que le atacaban diecisiete demonios —dijo el conductor, que se reía con disimulo.
Colmillo Blanco, todavía nervioso y erizado, gruñía y gruñía; el pelo descendía poco a poco, la nota cantarina de su voz se escuchaba remota y apagada, aunque crecía en intensidad en su garganta.