Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero para la perra fue diferente. Al ser una hembra, no poseÃa aquel instinto. Por otra parte, como era perro pastor, su miedo instintivo a todo lo que procediera de lo salvaje, sobre todo a los lobos, era inusitadamente profundo. Colmillo Blanco era para ella un lobo, el merodeador que habÃa cazado en sus rebaños desde los tiempos en que las ovejas fueron por primera vez reunidas y guardadas por algún remoto antecesor suyo. Y asÃ, mientras él frenaba su ataque y se esforzaba por evitar el contacto, ella saltó sobre él. Él gruñó de forma involuntaria al sentir sus dientes en la paletilla, pero no hizo ningún intento de atacarla. Se retiró, tÃmido, con las patas en tensión y trató de dar un rodeo para evitarla. La esquivó y rodeó sin que surtiera efecto alguno. Ella se interponÃa entre él y el camino que querÃa seguir.
—¡Collie, ven aquÃ! —llamó el hombre desconocido desde el carruaje.
Weedon se echó a reÃr.
—No te preocupes, padre. Es una buena disciplina. Colmillo Blanco tendrá que aprender muchas cosas y será mejor para él que empiece ahora. Se adaptará bien.