Colmillo blanco
Colmillo blanco Así que Collie se aprovechó de las ventajas de su sexo para atacar a Colmillo Blanco y maltratarle. El instinto del lobo no le permitía defenderse y, a la vez, su presencia era imposible de pasar por alto. Cuando ella se abalanzaba sobre él, él apartaba de sus afilados dientes su paletilla protegida por la piel y se alejaba con las patas tiesas y paso majestuoso. Cuando le pinchaba demasiado, se veía obligado a dar vueltas en círculo, con la paletilla desprotegida, la cabeza vuelta hacia ella y en su rostro y en sus ojos una paciente y aburrida expresión. A veces, sin embargo, un mordisco en los cuartos traseros aceleraba su retirada, que hacía de cualquier manera menos de forma majestuosa. Pero, como regla general, se las ingeniaba para mantener su dignidad, que casi lindaba con lo solemne. Solía no hacer caso de la existencia de la perra siempre que le era posible e intentaba mantenerse fuera de su camino. Cuando veía u oía que se aproximaba, se levantaba y desaparecía.