Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero lo que más pesaba en su educación eran los manotazos de su amo y las reprobaciones orales. Debido al enorme amor de Colmillo Blanco, un manotazo de su amo le dolÃa mucho más que los que Castor Gris o Guapo Smith le habÃan propinado jamás. Ellos solo le hirieron la carne; bajo la carne, el espÃritu habÃa continuado rabiando, magnÃfico e invencible. Pero con su amo los manotazos eran siempre demasiado superficiales como para herirle la carne. Sin embargo, su huella era mucho más profunda. Eran la forma en que su amo expresaba su disgusto, y el espÃritu de Colmillo Blanco perdÃa el ánimo.
De hecho, recibÃa manotazos en muy raras ocasiones. La voz de su amo era suficiente. Por ella sabÃa si hacÃa bien o mal. Por ella enmendaba su conducta o modificaba sus acciones. Era la brújula por la que se guiaba y aprendÃa a ordenar las costumbres de una nueva tierra y una nueva vida.