Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco también llegó a diferenciar entre la familia y los miembros del servicio doméstico. Los últimos le tenían miedo y él se abstenía de atacarlos. Y se debía a que eran posesiones del amo. Entre Colmillo Blanco y ellos se había establecido la neutralidad y nada más. Cocinaban para su amo, lavaban los platos y otras muchas cosas, igual que Matt había hecho en Klondike. Eran, en pocas palabras, accesorios de la casa.
Fuera de la familia todavía le quedaban más cosas que aprender a Colmillo Blanco. El dominio de su amo era amplio y complejo, aunque tenía un fin y unos límites.
La tierra acababa en la carretera. Más allá se encontraban los dominios comunes de todos los dioses: las carreteras y las calles. Luego, detrás de las vallas se encontraban los dominios de otros perros. Un sinfín de leyes gobernaban todas aquellas cosas y determinadas conductas; sin embargo, él no conocía el lenguaje de los hombres ni tenía otra forma de aprender sino por la experiencia. Obedecía a sus impulsos naturales hasta que se enfrentaban con alguna ley. Después de que esto le hubiera ocurrido unas cuantas veces, se aprendió la ley y después la observó atentamente.