Colmillo blanco
Colmillo blanco La vida era complicada en el valle de Santa Clara tras haber conocido la sencillez de las tierras del norte. Y lo más importante para esta complejidad de la civilización era el control, el freno, un equilibrio del yo que era tan delicado como la ondulación del hilo de la tela de araña y, al mismo tiempo, tan rÃgido como el acero. La vida poseÃa cientos de rostros y Colmillo Blanco se dio cuenta de que debÃa conocerlos todos. AsÃ, cuando iba a la ciudad, a San José[17], corriendo detrás del carruaje o ganduleando por las calles cuando el coche se detenÃa, la vida fluÃa a su lado, profunda, amplia y variada, afectando continuamente a sus sentidos, exigiéndole instantáneos e interminables ajustes y correspondencias, y obligándole, casi siempre, a suprimir sus impulsos naturales.