Colmillo blanco
Colmillo blanco Con el rifle en la mano se internó en la maleza que bordeaba el camino. Su intención estaba clara. Con el trineo en el centro del círculo que Una Oreja estaba marcando en su huida, Bill planeó interceptar el círculo en un punto ventajoso de la persecución. Con su rifle, a plena luz del día, quizá le fuera posible asustar a los lobos y salvar al perro.
—¡Bill! —exclamó Henry detrás de él—. ¡Ten cuidado! ¡No te arriesgues demasiado!
Henry se sentó en el trineo y observó. No podía hacer otra cosa. Bill había desaparecido ya de su vista; pero de vez en cuando, apareciendo y desapareciendo por entre la maleza y los diseminados grupos de abetos, podía ver a Una Oreja. Henry se dio cuenta de que no había esperanza. El perro había sobrevivido ya de milagro al peligro, pero estaba corriendo por el círculo exterior, mientras que el grueso de los lobos corría trazando un círculo interior y más reducido. Era inútil pensar que Una Oreja pudiera aventajar a sus perseguidores o atravesar el círculo de la manada por delante de ellos y alcanzar de nuevo el trineo.