Colmillo blanco
Colmillo blanco Las diferentes líneas se iban aproximando velozmente a un mismo punto. En alguna parte en la nieve, fuera de su vista, por los árboles y los matorrales, Henry sabía que la manada de lobos, Una Oreja y Bill estaban próximos a encontrarse. Y todo sucedió muy deprisa, mucho más de lo que había esperado. Oyó un disparo, después otros dos en rápida sucesión, y entonces supo que la munición de Bill se había agotado. Luego oyó una ruidosa algarabía de gruñidos y aullidos. Reconoció el aullido de dolor y miedo de Una Oreja y el grito de un lobo que indicaba que estaba herido. Y aquello fue todo. Los gruñidos cesaron y los aullidos también. El silencio volvió a apoderarse de la tierra desolada.
Permaneció sentado sobre el trineo durante mucho tiempo. No tenía ninguna necesidad de ir a ver qué había sucedido. Lo sabía con tanta exactitud como si hubiera ocurrido ante sus ojos. Por fin, se levantó y con premura cogió un hacha de debajo de las correas que amarraban la carga del trineo. Pero por alguna razón, se volvió a sentar por más tiempo y meditó tristemente con los dos perros que le quedaban acurrucados temblando a sus pies.