Colmillo blanco
Colmillo blanco Por fin, se levantó sin fuerzas, como si la energía hubiera abandonado su cuerpo, y comenzó a enganchar a los perros al trineo. Se pasó una correa por el hombro para tirar de ellos. No fue muy lejos. En cuanto comenzó a oscurecer, se apresuró a preparar el campamento e hizo buen acopio de leña. Dio de comer a los perros, tomó su cena e hizo su cama muy cerca del fuego.
Pero no estaba previsto que disfrutara de aquel lecho. Antes de que sus ojos se cerraran, los lobos se habían acercado más de la cuenta. Ya no hacía falta esforzar la vista para verlos. Estaban todos alrededor de él y del fuego, formando un círculo estrecho, y podía contemplarlos perfectamente bajo la luz de la hoguera, acostados, de pie, arrastrándose sobre sus vientres o caminando arriba y abajo al acecho. Algunos incluso dormían. Por aquí y por allí podía verlos acurrucados en la nieve como perros disfrutando de un sueño que a él se le negaba.