Colmillo blanco
Colmillo blanco Ella se unió a él trotando a su lado, como si fuera su posición señalada, y adoptó el paso de los demás. Él no le gruñó ni le mostró los dientes cuando alguna zancada la hacía adelantarse. Por el contrario, parecía inclinado cariñosamente hacia ella —demasiado tal vez—, ya que era propenso a correr cerca de la loba y, cuando se acercaba en exceso, era ella la que le gruñía y le mostraba los dientes. Tampoco era extraño que le clavara los dientes en la paletilla alguna que otra vez. En momentos como aquellos, él no mostraba cólera alguna. Tan solo se hacía a un lado y corría tieso, dando unos cuantos pasos muy apurado, tal y como demuestra el comportamiento y la conducta de un avergonzado y rústico pretendiente.