Colmillo blanco
Colmillo blanco Aquel era su único problema en el liderazgo de la manada; pero ella tenía otras preocupaciones. A su otro lado corría un lobo viejo y flaco, canoso y marcado con las cicatrices de innumerables batallas. Solía correr siempre a su lado derecho. El que no tuviera sino un único ojo puede que fuera la causa de ello. También él tenía la tendencia a estar constantemente junto a ella, a acercarse hasta que su hocico, lleno de cicatrices, tocaba su cuerpo, su paletilla o su cuello. Como en el caso del compañero que corría a la izquierda, ella replicaba a aquellas atenciones con sus dientes; pero, cuando ambos se las prodigaban a la vez, la empujaban con rudeza, se veía obligada, con rápidos empellones a uno y otro lado, a alejar a ambos amantes y al mismo tiempo a mantener el paso de la manada y a mirar por dónde iba. En aquellas ocasiones, sus compañeros de carrera se enseñaban los dientes y se gruñían de forma amenazadora el uno al otro. Podían luchar, pero tanto el galanteo como la rivalidad pasaban a un segundo plano ante la necesidad de acabar con el hambre de la manada.