Colmillo blanco
Colmillo blanco Después de cada rechazo, cuando el viejo lobo se apartaba bruscamente de los afilados dientes del objeto de su deseo, se colocaba junto a un joven de tres años que corría a su derecha, en su lado ciego. Aquel lobo joven había alcanzado ya su tamaño adulto y, considerando la débil y famélica condición de la manada, poseía un vigor y un espíritu superiores a los del resto. Sin embargo, corría con la cabeza apenas sobresaliendo de la paletilla de su compañero ciego. Cuando se atrevía a correr por delante del viejo lobo, lo cual ocurría raras veces, un gruñido y un empujón le devolvían a su posición. Algunas veces, por el contrario, se retrasaba con cautela y, muy lentamente, se introducía entre el viejo líder y la loba. Aquello tenía una consecuencia doble, incluso triple. Cuando ella gruñía mostrando su disconformidad, el viejo líder giraba rápidamente contra el joven de tres años. A veces, ella se unía a él, y otras, el líder más joven lo hacía por la izquierda también.