Colmillo blanco
Colmillo blanco Entonces hubo comida en cantidad. El macho pesaba más de ochocientas libras, veinte libras enteras de carne por boca para los cuarenta y tantos lobos de la manada. Pero si podían ayunar de forma increíble, podían alimentarse increíblemente también y, en seguida, unos cuantos huesos esparcidos fue todo lo que quedó de la espléndida bestia que había hecho frente a la manada unas horas antes.
Se sucedió el descanso y el sueño. Con los estómagos llenos, los altercados y las riñas comenzaron entre los machos más jóvenes y aquello continuó durante los días que siguieron antes de la dispersión de la manada. El hambre había terminado. Los lobos se encontraron en la tierra de los juegos y, aunque cazaban juntos todavía, lo hacían con mayor precaución, alcanzando a pesadas hembras o atrapando a viejos machos de las pequeñas manadas de renos con las que se topaban.