Colmillo blanco
Colmillo blanco Durante dos días la loba y Tuerto merodearon por los alrededores del poblado indio. Él se mostraba preocupado y aprensivo, aunque el campamento atraía a su compañera y ella se resistía a marcharse. Pero cuando, una mañana, el aire se impregnó del olor de un rifle cercano y una bala se incrustó contra el tronco de un árbol a pocas pulgadas de la cabeza de Tuerto, no lo dudaron más y se marcharon lejos, corriendo a grandes zancadas, que pusieron rápidamente varias millas de distancia entre ellos y el peligro.
No se fueron lejos: solo a un par de días de viaje. La loba necesitaba encontrar lo que estaba buscando, que se había convertido en un imperativo. Se estaba poniendo muy gruesa y no podía correr sino despacio. En cierta ocasión, en la persecución de un conejo, que normalmente hubiera alcanzado con facilidad, se dio por vencida, se tumbó y descansó. Tuerto se acercó a ella; pero cuando la tocó en el cuello con su hocico de forma cariñosa, ella le mordió con tanta fiereza, que cayó rodando hacia atrás de forma ridícula al intentar escapar de sus dientes. El carácter de la loba era más brusco que nunca; pero él se había vuelto más paciente y más solícito que antes.
