El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe comprendió que habÃa tocado un punto sensible y trató de suavizar el efecto de su falta de tacto.
—Pues del hogar que hayas tenido.
Él no soñaba siquiera que en el mundo pudiese haber muchachos que jamás hubiesen conocido un hogar, o que él no fuese el único en quien se hubiese cebado la desdicha.
—No lo he tenido nunca.
—¡Oh! —se le habÃa despertado el interés, y ahora quiso mostrarse solÃcito—. ¿Ni hermanos?
—Tampoco.
—¿Y madre?
—Era tan pequeño cuando murió, que no la recuerdo.
—¿Y padre?
—Lo he visto muy pocas veces. Se hizo a la mar… y desapareció.
Joe no supo qué decir, y se hizo un embarazoso silencio, interrumpido únicamente por el ruido de la gorja del Dazzler.