El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Joe encontró la driza del foque y quitó la clavija, y cuando la lona se abatió fueron barloando lentamente.
—¡Suelta! —ordenó.
Y el áncora se hundió en el agua, arrastrando tras ella poca cadena.
Frisco Kid recogió todas las cuerdas apresuradamente. Después amarraron las velas, lo ataron todo y bajaron a dormir.
Eran las seis cuando despertó Joe y salió al sollado para echar un vistazo a los alrededores. El viento y el mar estaban agitados y el Dazzler cabeceaba y se balanceaba, levantándose de vez en cuando sobre la cadena del áncora con un salto brusco. Para mantenerse de pie se veía obligado a agarrarse al botalón. Era un día gris plomizo, sin que el Sol apareciera por ninguna parte, y grandes masas de nubes fugitivas oscurecían el cielo.
Joe buscó la tierra. Se hallaba a una milla y media de distancia. Era una playa baja y arenosa, azotada por una fuerte resaca. Detrás se veían ciénagas desoladas y en último término elevándose las colinas de Contra Costa.