El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler «Ahora se ruboriza», pensó al observar el suave carmÃn que ascendÃa a las mejillas de Frisco. Sintió un deseo irresistible de reÃr y trató de sofocarlo.
—¡No, no te rÃas! —gritó Frisco Kid, recogiendo el papel y metiéndolo otra vez en la caja de aseo con mano trémula. Luego añadió, más lentamente—: Yo creÃ… me figuraba que lo habrÃas comprendido… y… y…
Al volverse rápidamente le temblaban los labios y en sus ojos habÃa un brillo singular.
Un instante después Joe estaba a su lado, junto a la cama, atendiéndole cuidadosamente. Lo hizo sin pensar, movido por algún reproche instintivo.
Una semana antes no hubiese podido imaginarse tanta solicitud; pero ahora le parecÃa la cosa más natural del mundo. No lo sabÃa, pero comprendÃa que aquello tenÃa una profunda significación para su compañero.
—Anda, empieza a contar —le dijo abrazándose a él tiernamente—. Ya lo comprenderé.
—No, no lo comprenderás. No puedes.
—SÃ, verás. Comienza.
Frisco se resistÃa y movÃa la cabeza.