El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Ah, estos muchachos! ¡No acabarán en toda la noche! —Oyeron exclamar a French Pete, y despuĂ©s la voz dura de Red Nelson, que decĂa:
—No te importe francĂ©s. Yo enseñé a Kid a navegar, y todavĂa no he tenido que avergonzarme de Ă©l.
El Reindeer era más rápido, pero evitando el impulso del viento en las velas se las arreglaban de manera que los muchachos no les perdieran de vista. La brisa de poniente se hizo más fuerte, prometiendo aumentar en breve. Las estrellas desaparecĂan tras masas de nubes movedizas que indicaban una velocidad mayor en las capas superiores. Frisco Kid examinĂł el firmamento.
—Antes de que amanezca, tendremos tiempo bueno y firme —aseguró—, como ya te dije.
Varias horas despuĂ©s los dos barcos se detuvieron frente a la costa de San Mateo y anclaron a una distancia no mayor que la longitud de un cable. Vieron surgir un pequeño muelle del cual sĂłlo distinguĂan el extremo, pero despuĂ©s advirtieron que a corta distancia estaba amarrado un yate.