El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Creo que no estarÃa muy bien dejarle en tierra —dijo—. Por supuesto —continuó rápidamente—, sé que todo esto es inicuo; pero recuerda la primera noche que llegaste corriendo hasta el bote, mientras aquellos hombres disparaban. Nosotros no te dejamos, ¿verdad?
Joe asintió muy a disgusto, y entonces una idea nueva cruzó por su mente.
—Pero ellos son piratas… ladrones… y criminales —dijo—. Están infringiendo las leyes, y ni tú ni yo queremos hacer tal cosa. Además, no quedarÃan abandonados. Está el Reindeer. Nada les impide escapar en él, y a nosotros no nos pillarán gracias a la oscuridad.
—Ven, pues.
Aunque habÃa consentido, Frisco Kid no estaba del todo satisfecho, porque aquello seguÃa pareciéndole una deserción.
Fueron arrastrándose y comenzaron a izar la vela mayor. En caso necesario, podÃa dejarse el áncora y no entretenerse subiéndola. Pero al primer rechinamiento de las drizas en las roldanas llegó hasta ellos una orden a través de las sombras:
—¡Bajad eso en seguida!
Mirando en la dirección de donde procedÃan aquellos sonidos, descubrieron un rostro que asomaba por la barandilla del otro bergantÃn.