El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Por suerte suya, no es asà —respondió el grumete del Reindeer.
Y el hombre no volvió a hablar.
—Ya vienen —dijo de pronto Frisco Kid a Joe.
Los dos botes surgieron de la oscuridad y llegaron al lado de los barcos. Según se desprendÃa del tono de voz de French Pete, venÃan disputando.
—¡No, no! —gritaba—. Cárgalo en el Dazzler. El Reindeer corre demasiado y desaparecerá tan rápidamente que no volveré a verle jamás. Cárgalo en el Dazzler… ¿Eh?, ¿qué dices?
—Bueno, está bien —convino Red Nelson—. Luego lo repartiremos. Pero hay que darse prisa. Fuera muchachos, y ayudad a subirlo. ¡Tengo el brazo roto!
Los hombres saltaron a bordo, tiraron las cuerdas, y todas las manos, excepto las de Joe, se pusieron al trabajo. Las voces, el ruido de remos, el rechinar y golpear de garruchas y velas indicaban que los de la playa se ponÃan en movimiento para perseguirles.
—¡Ahora! —ordenó Red Nelson—. ¡Todos juntos! ¡No dejéis que vuelva atrás, si no, destrozaréis el bote!… ¡Ahora va bien! ¡Un tirón largo y fuerte! ¡Otra vez! ¡Y otra!… ¡Que alguien dé la vuelta y sostenga!