El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Pasó otra ola por encima de ellos, y el bote, sumergido desde mucho antes, se hizo pedazos contra la popa. Luego el Reindeer se alzó junto a ellos sobre una montaña de agua. Joe se inclinó, pues parecía que iba a caerles encima, pero un instante después se hundía en el abismo y lo vieron muy por debajo de ellos.
Era una visión imponente, que Joe no debía olvidar jamás. El Reindeer se balanceaba en la cresta de nevada espuma; barrían su cubierta las olas, que caían formando cataratas y por todas partes brotaban surtidores, dando a la escena un aspecto fantástico. Uno de los hombres, reptando por la peligrosa cubierta de popa, se esforzaba en desatar el bote destrozado por las olas. El grumete, inclinado sobre la barandilla del sollado, le alargaba un cuchillo. El otro hombre estaba junto al timón, manejándolo con mano ligera y obligando a avanzar al bergantín. A su lado, llevando en cabestrillo el brazo herido, se hallaba Red Nelson, descubierta la cabeza y los dorados bucles empapados, que el viento le hacía revolotear por la cara. Toda su actitud respiraba fuerza y valor indomables. Parecía desprenderse de él un fuego sublime.