El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Como poseía la facultad de expresar con exactitud sus pensamientos, habló de todas estas cosas, de las lecciones que había sacado, de las conclusiones que había deducido de sus conversaciones con Frisco Kid, de sus relaciones con French Pete, de la visión imborrable que conservaba del Reindeer y de Red Nelson cuando desaparecieron en el abismo. Y el señor Bronson, que lo escuchaba atentamente, comprendió a su vez.
—Pero ¿qué me dices de Frisco Kid, padre? —preguntó cuando hubo terminado.
—Por lo que de él me cuentas, parece que el muchacho promete mucho —esta vez el señor Bronson disimuló el relámpago que cruzó por sus ojos—. Y debo confesar que parece perfectamente apto para dirigirse a sí mismo.
—¡Padre! —dijo Joe, no pudiendo dar crédito a lo que oía.
—Veamos primero. De momento, le corresponden la mitad de los cinco mil dólares; la otra mitad te pertenece a ti. Los dos juntos evitasteis que la caja de caudales se hundiera en el fondo del Pacífico, y si hubierais esperado un poco más, el señor Tate y yo hubiésemos aumentado el premio.