El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡A callar! —vociferó el jefe con autoridad, y al instante cesó el alboroto.
—¿Quieres darme las cometas? —preguntó Joe avanzando decidido.
—¿Quieres luchar para obtenerlas? —replicó Simpson.
—Sí —contestó Joe.
—¡Lucha!, ¡lucha! —volvió a aullar la banda.
—Y vamos a ver un hermoso espectáculo —dijo una gruesa voz de hombre.
Todos los ojos se dirigieron al sujeto que se había acercado sin ser visto y que así se anunciaba. Con la luz eléctrica que brillaba sobre ellos en la esquina vieron que era un hombre alto y musculoso, vestido con traje de obrero. Calzaba pesadas abarcas, una estrecha correa negra le sujetaba los anchos calzones alrededor de la cintura y en la cabeza llevaba una gorra negra y grasienta. Tenía la cara tiznada y la camisa azul, de tela burda, desabrochada, dejaba ver un cuello macizo.
—Y ¿usted quién es? —preguntó Simpson, indignado por la interrupción.