El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Pero Joe se cansó de este juego y se dispuso a terminarlo. Haciendo coincidir su puñetazo con el ataque de Simpson, lo descargó en el instante en que aquél se agachaba para dejarse caer. Y sí que cayó, pero fue de lado, al chocar el puño de Joe en su cabeza. Rodó por el suelo y trató en vano de levantarse, llorando y gimoteando. Sus secuaces se empeñaban en que se pusiera de pie, y él lo intentó una o dos veces, pero estaba demasiado agotado y aturdido.
—Me entrego —dijo—; ya tengo bastante.
La banda estaba silenciosa y humillada ante el descalabro de su jefe.
Joe avanzó unos pasos:
—Voy a molestarte, a causa de las cometas —dijo al chico que las guardaba.
—¡Oh, no! —intervino otro miembro de la banda, colocándose entre Joe y sus cometas. Tenía también el cabello de un rojo subido—. Antes de apoderarte de ellas tendrás que habértelas conmigo.
—No lo creo —dijo resueltamente Joe—. He luchado y he vencido, así que no hay más que hablar.
—¡Oh, sí que hay! —repitió el otro—. Yo soy «Sorrel-top» Simpson. Brick es mi hermano. ¿Ves?
Y de esta manera conoció Joe otra costumbre de los habitantes del Abismo, que hasta entonces había ignorado.