El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler Éste tenÃa los nudillos doloridos, le sangraba la nariz, tenÃa el labio partido e hinchado y la camisa rasgada de arriba abajo. Además estaba fatigado y respiraba con dificultad.
—¿Quedan muchos Simpson todavÃa? —preguntó—. He de volver a casa, y si vuestra familia es muy numerosa esto durará toda la noche.
—Yo soy el último y el mejor —replicó Reddy—. Vénceme y tendrás las cometas, te lo aseguro.
—Bueno —suspiró Joe—. Vamos.
Aunque el menor de la tribu carecÃa de la fuerza y habilidad de sus hermanos mayores, las suplÃa con un juego de gato montés que castigó severamente a su adversario. Varias veces pensó Joe que habrÃa de rendirse a aquel pequeño torbellino, pero cada vez reunÃa todas sus fuerzas y volvÃa tenazmente a la carga, pues sentÃa que luchaba por sus principios, lo mismo que habÃan luchado sus antepasados; además, le parecÃa que el honor de la Colina estaba sobre el tapete y que él, como su representante, debÃa hacer cuanto estuviese de su parte para dejarlo a salvo.
Asà que resistió y procuró aguantar los choques rápidos y continuados de su adversario, hasta que aquella personilla poco experimentada se agotó con sus propios esfuerzos y desde el suelo confesó que por primera vez en la historia «habÃa sido vencida la familia Simpson».