El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —Pero ¿eso es de veras? Mira, Brick, nosotros no transigimos con el robo en este territorio, ¿entiendes? Anda, suelta esas cometas que nunca fueron tuyas. Te lo digo por última vez.
El jefe de los hampones lo estrechaba con amenazas, y Simpson, llorando de rabia, entregó el botÃn.
—Y tú, ¿qué llevas bajo el brazo? —preguntó el jefe de pronto a Fred, al mismo tiempo que le arrebataba el paquete—. Más cometas, ¿eh? Habéis vaciado una fábrica que no debÃa ser pequeña —advirtió finalmente después de haberse apropiado también del envoltorio de Charley—. Ahora me gustarÃa saber qué habrá que haceros a vosotros…
—¿Por qué? —preguntó Joe con vehemencia—. ¿Por habernos robado nuestras cometas?
—No es eso, no es eso —respondió el jefe cortésmente—, sino por haber pasado cargados de cometas por estos barrios y haber causado tan inconcebible alboroto. Esto es vergonzoso, verdaderamente vergonzoso.