El crucero del Dazzler
El crucero del Dazzler —¡Ven pronto! —ordenó entonces al muchacho propietario del paquete, que parecÃa titubear sobre el muelle.
Distaba unos buenos quince pies de la cubierta del bergantÃn y no podÃa alcanzar el cable de acero por donde habÃa de descender.
—¡Anda, uno, dos, tres! —siguió diciendo bondadosamente, según hacen los capitanes cuando tienen escasa la tripulación.
El muchacho se lanzó en el espacio y se agarró al aparejo. Un momento después pisaba la cubierta, latiéndole y quemándole aún las manos a causa del roce.
—Kid, te presento al marinero nuevo —dijo el capitán, sonriendo e inclinándose con afectación y se retiró a un lado—. El señor Joe Bronson —añadió, como si se le hubiese olvidado.
Los muchachos se observaron un instante en silencio. Eran evidentemente de la misma edad pero el forastero parecÃa más fuerte y animoso. Frisco Kid alargó la mano y estrechó la que le tendÃa Joe.
—AsÃ, pues, ¿piensas hacerte a la mar? —dijo.
Joe asintió y dirigió una mirada curiosa a su alrededor antes de responder:
—SÃ, creo que la vida del marinero me sentará bien, y luego, cuando habré adquirido la costumbre, iré en el castillo de proa.