El Valle de la luna
El Valle de la luna —Ven para aquÃ. Revisemos tu programa de baile.
—¿Usted desea bailar con él? —le preguntó Billy a la joven.
Ella negó con la cabeza.
—Lo siento, Compañero, pero parece que no hay nada que hacer —dijo Billy acompañando sus palabras con un gesto expresivo, e inmediatamente, junto con Saxon, siguieron caminando.
El herrero les interceptó el paso otra vez más.
—Quite su pie del camino —le dijo Billy—. No ve que impide que avancemos.
Durante todo el tiempo el otro habÃa mantenido los puños apretados, e hizo un movimiento hacia atrás como para tomar impulso con un brazo, al mismo tiempo que sacaba pecho y tiraba los hombros para atrás. Pero se detuvo ante la inmovilidad del cuerpo de Billy y ante sus ojos frÃos y nebulosos. No habÃa reaccionado mental ni muscularmente. ParecÃa no tener noción de un inminente ataque. Todo eso era muy nuevo para Long.
—Tal vez usted no sepa quién soy yo —dijo el otro con petulancia.