El Valle de la luna
El Valle de la luna —SÃ, lo sé muy bien —dijo Billy despreocupadamente—. Usted ha sido el que batió el record de grescas —al escuchar esto la cara de Long se mostró complaciente—. DeberÃa haber recibido el cinturón de diamantes de la Police Gazette por sus peleas con bebés. Sospecho que usted nunca tuvo miedo de encararse con ninguno de ellos.
—Déjalo en paz, Charley —le aconsejó uno de los hombres que se habÃan reunido alrededor de ellos—. Es Billy Roberts, el pugilista. Tú le conoces, es el «Gran Billy».
—Me tendrÃa sin cuidado aunque fuese Jim Jeffries. No puede cruzarse en mi camino de esa manera.
Sin embargo, hasta para Saxon era evidente que habÃa perdido la fiereza de su agresividad. El nombre de Billy parecÃa tener un efecto calmante en las personas algo turbulentas.
—¿Usted le conoce? —le preguntó Billy a la muchacha.
Le dijo que sà con la mirada, aunque dio la impresión que le gritarÃa mil cosas a ese hombre que la perseguÃa tan tenazmente. Billy se volvió hacia el herrero.