El Valle de la luna
El Valle de la luna —SÃ, pero tampoco tiene mujer y chicos por los cuales preocuparse.
—Y cuotas eternas de las uniones obreras que maldita falta que hacen.
—Sà que las tiene —interrumpió Tom alegremente—. Porque si trabaja en cualquier taller de Oakland y no se mantiene en buenas relaciones con los herreros, podrÃa ser acusado inmediatamente. Tú no entiendes de las condiciones del trabajo, Sara. Las uniones tienen que subsistir si se quiere que la gente no se muera de hambre.