El Valle de la luna
El Valle de la luna —¿Le parece que no es asÃ? Sin embargo, lo siento de esa manera. Es notable. Las casas, las calles y las cosas de la ciudad no son hermosas. Pero esto sà que lo es. Y no sé por qué sucede. Es asÃ, simplemente.
—¡Caramba! Creo que usted tiene razón —le dijo él—. Ahora que lo dice me causa el mismo efecto. Aquà no hay azar ni trucos, engañifas ni mentiras. Los árboles se elevan natural, limpiamente, como si fueran muchachos en medio de un ring que suben a pelear por primera vez, sin saber nada de esa podredumbre, de la manera de traicionar a los que apuestan, a los aficionados. SÃ, verdaderamente es notable. ¿DÃgame, Saxon, usted ve esas cosas, no es cierto? —el silencio que se produjo a continuación parecÃa animado de cosas. Él la contemplaba lleno de suavidad, como si tratara de penetrarla sólo con su sentimiento—. Sabe una cosa, me gustarÃa que alguna vez me viera pelear… verdaderamente, frente a alguien que se comportara lo mejor posible. Y me sentirÃa orgulloso de hacerlo por usted. Y quizás pelearÃa algo si usted lo mirase y lo comprendiese. Eso sà que serÃa una pelea, se lo garantizo. Y también serÃa divertido.
Nunca sentà el deseo de pelear delante de una mujer. Gritan y chillan y no entienden nada de lo que pasa, pero usted sà que comprende. Me resulta completamente claro que usted comprenderÃa.