El Valle de la luna
El Valle de la luna —Da lo mismo. Nunca tuvo la desvergüenza de hacerlo. De cualquier manera es de mejor clase que esa turba de guapos con quienes tú te juntas, aunque no gane lo bastante para darle a su mujer tres pares de zapatos a la vez. Igualmente, lucha y se porta mejor que esa banda de canallas; y ninguna mujer decente lo golpearÃa por un par de zapatos. No puedo entender cómo es que no has tenido ningún tropiezo durante este tiempo. Quizás la nueva generación sea más inteligente en estas cosas…, no sé. Pero lo que sé bien es que una mujer que tiene tres pares de zapatos no piensa en otra cosa que en su placer, y puedo asegurarte que lo obtendrá. Cuando yo era muchacha esas cosas no ocurrÃan. Mi madre me hubiera sacado el cuero si hubiese hecho las cosas que haces tú. Y estaba en lo cierto, de la misma manera que es malo todo lo que pasa ahora en el mundo. Mira a tu hermano, rondando los mitines socialistas, mascando aire caliente, pagando cuotas extras por una huelga de la unión obrera, que es lo mismo que parà quitado de la boca de sus hijos, en vez de quedar bien con sus patrones. Porque con las cuotas que paga podrÃa hasta tener diecisiete pares de zapatos, si yo fuese tan deschavetada como para quererlos. Recuerda lo que te digo: algún dÃa él tendrá lo que se merece y entonces ¿qué haremos nosotros? ¿Qué haré con cinco bocas para alimentar y sin ninguna entrada?