El Valle de la luna
El Valle de la luna A medida que transcurría el tiempo el intercambio entre Saxon y Mercedes se intensificó. Esta última contaba con una clientela para cualquier labor fina, que Saxon podía abastecer y que estaba ansiosa por realizar. La criatura que esperaba y la reducción del salario de Billy la hacían pensar más seriamente que nunca en el aspecto económico de la existencia. Habían depositado poco dinero en el Banco, y tenía remordimientos por lo que había gastado para la casa y para sí misma. Además, por primera vez en su vida, gastaba dinero que ganaba otra persona. Desde que era muy joven sólo había gastado el suyo, y ahora, gracias a Mercedes, volvía a la antigua situación, y así pudo pensar en gastos dispendiosos y encantadores en materia de ropa interior.
Mercedes era la que sugería, y Saxon llevaba a la práctica perfeccionando las ideas de la otra sobre telas realmente hermosas. Hacía camisas con fruncidos sobre una tela de hilo, y además bordados a la altura del pecho y adornos en los bordes; y también juegos de ropa interior de hilo hechos a mano, ropas de dormir hermosas y bordadas con encajes de Irlanda. Mercedes la incitó a hacer un gorro muy audaz, algo realmente maravilloso, por el cual le entregó doce dólares después de deducir su comisión.