El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Oh! —exclamó Mary—. Usted cada vez está peor. Nunca pienso en esas cosas.
—¡Vamos, Mary! ¡Basta ya! —le dijo Bert con un tono algo severo—. Estás equivocada. Billy nunca se equivoca de esa manera.
—Mary, sea buena y acabemos con esto —le dijo Billy mientras se volvÃa hacia Saxon—. ¿Estuve muy cerca?
—Ciento veintidós —respondió la joven mirando con intención a Mary—. Ciento veintidós con mis ropas.
Billy se rió abiertamente y Bert lo acompañó:
—Me tiene sin cuidado —protestó Mary—. Ustedes dos son terribles…, y también tú, Saxon. Nunca lo supuse de ti.
—Escúchame, criatura —comenzó a decirle Bert con suavidad, al mismo tiempo que su mano se deslizaba por la cintura de Mary.
Pero ésta, falsamente indignada, estaba fuera de sà y rechazó el brazo de mala manera, pero en seguida apeló a mimos y bromas como si hubiese temido herir los sentimientos de su festejante y tratando de reconquistar su buen humor. Consintió en el abrazo del hombre, y más tarde murmuraban entre sÃ, con las cabezas gachas.
Billy comenzó a charlar discretamente con Saxon.