El Valle de la luna
El Valle de la luna En el edificio del Central Bank se encontraron con dos carreros en huelga que les hicieron seña y lo cargaron a él sólo. Saxon le esperó en la esquina durante tres cuartos de hora. Cuando regresó se dio cuenta de que él había estado bebiendo.
Media cuadra más lejos, al pasar cerca del café Forum, se detuvo bruscamente. En el recodo había una limousine y un hombre joven ayudaba a subir a varias mujeres maravillosamente vestidas. Un chófer estaba adelante, esperando solícito alguna orden. Billy rozó el brazo del joven. Como Billy, tenía hombros amplios, pero era ligeramente más alto. Tenía ojos azules y facciones firmes. A Saxon le pareció muy simpático.
—Quiero decirle una sola palabra, compañerito —le dijo Billy con una voz baja y lenta.
El joven los miró a Saxon y a Billy e, impaciente, preguntó:
—Bueno ¿de qué se trata?
—Usted es Blanchard —comenzó a decir Billy—. Ayer le vi encabezando el grupo de carros.
—¿Acaso no hice lo que debía? —preguntó Blanchard alegremente al mismo tiempo que miraba de una manera resplandeciente hacia Saxon.
—Seguramente, pero no quiero hablarle de esto.
—¿Y usted quién es? —le preguntó suspicaz, bruscamente.