El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon estaba temblando. A la altura de la cintura habÃa tocado una superficie inflamada del tamaño de un plato de sopa. —Eso es consecuencia de los golpes que me dio en el riñón le explicó Billy—. Era un verdadero demonio por lo insistente. Golpeaba con regularidad, como un cronómetro, como un hacha que subiese y bajase constantemente…, hasta que quedé groggy y ya no tuve noción de nada. No me dejó knock-out, ¿sabes?, pero es terrible si hay que soportarlo durante todo el combate. Le arrancan el almidón que uno lleva adentro.
Cuando las piernas quedaron desnudas, Saxon observó que la piel, a la altura de sus rodillas, habÃa desaparecido.
—Es que la piel no fue hecha para resistir a un muchacho pesado como yo e, inclinado sobre las rodillas —se adelantó a decirle—. Y cuando me levantaba, la lona cortaba como un verdadero infierno.
Los ojos de Saxon estaban llenos de lágrimas, y hubiese querido sollozar fuertemente ahà mismo, sobre el cuerpo zarandeado de su muchacho hermoso y malherido.
Cuando llevaba los pantalones para colgarlos, percibió el tintineo de plata en los bolsillos. La llamó y sacó del pantalón un puñado de monedas.
—Necesitábamos el dinero —agregó—, lo necesitábamos —repitió mientras trataba de contar las monedas inútilmente. Saxon se dio cuenta de que los pensamientos de Billy volvÃan a ser inconexos, vagos.