El Valle de la luna
El Valle de la luna Pero cuando Bud Strothers la visitó para ver cómo la trataba la vida, le comunicó que todo le iba perfectamente bien. Durante un anochecer, después de volver del trabajo, la visitó Tom, quien la forzó para que aceptara dos dólares. Tom estaba terriblemente preocupado, y le hubiera gustado poder ayudarla más, pero sucedía que Sara estaba esperando otro crío. Y su trabajo andaba algo flojo por las huelgas que afectaban a otros gremios. Y sin embargo todo tenía una solución tan simple, y lo que se necesitaba era una visión parecida a la suya con respecto a las cosas, y que además votaran de la misma manera que lo hacía él. Si sucedía de esa manera todos recibirían un trato correcto. Le dijo a Saxon que Cristo también había sido socialista.
—Pero Cristo murió hace dos mil años —respondió Saxon.
—¿Y qué dificultad hay en eso? —preguntó Tom sin penetrar el sentido de las palabras de su hermana.
—Piensa —le dijo Saxon—, piensa en todos los hombres y las mujeres que han muerto durante todo este tiempo y el socialismo aún no ha llegado. Y dentro de dos mil años estaremos en las mismas condiciones. Tom, tu socialismo nunca hizo ningún bien. Es un sueño.
—No sucedería eso… —comenzó a decir un poco resentido.
—Si los demás pensaran de la misma manera que tú. Pero no sucede así. Nunca lograremos convertirlos.