El Valle de la luna
El Valle de la luna Saxon asentía mientras él continuaba hablando con los ojos encendidos, y entonces de pronto se le ocurrió pensar que sería una verdadera dicha, una gloria, tener por hijo a un muchacho como ése. Y su cuerpo ya le dolía pensando en la imaginaria carga que nacería. Sería una buena y nueva estirpe, se dijo, y después pensó en ella, en Billy, en los fuertes vástagos que podrían dar al mundo, pero, sin embargo, se hallaban condenados a vivir sin niños por esa trampa que los hombres habían hecho del mundo, por esa maldición de tener que vivir junto a seres estúpidos.
Se volvió hacia el muchacho.