El Valle de la luna
El Valle de la luna En ese instante se encontraban lejos de los depósitos de carbón de Long Wharf y el muchacho colocó el barco a media vela, en dirección a San Francisco. Se encontraban bien adentro de la bahía. El viento Oeste era cada vez más fuerte y hacía espumear fuertemente las aguas de la marea que crecía a cada instante. El bote se deslizaba plácidamente sobre las aguas. Cuando las gotas de agua le salpicaron las ropas, Saxon rió abiertamente, y el muchacho la miraba complacido. Pasaron delante de un ferry-boat, y los pasajeros que iban en aquél se aglomeraron sobre la cubierta para observarlos. Ante la correntada producida por el paso de la embarcación, el fondo del bote se llenó de agua. Saxon levantó un recipiente de lata vacío y miró al muchacho.
—Está bien —le dijo éste—, puede sacar el agua.
Y cuando ella terminó de hacer esa tarea, agregó:
—Nos instalaremos en la isla Got, justamente fuera de Torpedo Station, donde pescaremos con quince pies de agua, mientras la correntada golpea en la banda. ¿Se halla muy empapada? ¡Oh, usted es como su nombre! Es Saxon, de pies a cabeza. ¿Es casada?
Asintió en silencio y el muchacho frunció el ceño.