El Valle de la luna
El Valle de la luna —¡Qué se le va a hacer! Ahora ya no puede andar dando vueltas por el mundo como lo haré yo. Está atada, anclada para siempre.
—Sin embargo es bastante bueno estar casado —dijo ella sonriendo.
—Seguramente debe de ser asÃ, porque todos se casan. Pero no hay ninguna razón para que yo me apure a hacerlo ¿y acaso usted no esperó algo, como yo? También me casaré pero no antes de que sea viejo y haya estado en todas partes.
La isla de Goat se hallaba a sotavento mientras ella seguÃa sentada, obediente. Recogió una media vela y el bote tomó la posición que al muchacho le agradaba, y poco después dejó caer un ancla pequeña. Extrajo las lÃneas de pesca y le enseñó a Saxon cómo debÃa colocar el cebo en los ganchos. Después arrojó las lÃneas al fondo y entonces quedaron vibrando y moviéndose por la fuerza de la rápida corriente, mientras esperaban que los peces picaran.
—Morderán muy pronto —le dijo alentándola—. Sólo en dos ocasiones no pude extraer mucho de este lugar. ¿Qué le parece si comemos algo mientras aguardamos?