El Valle de la luna
El Valle de la luna —Le di una última oportunidad —dijo el otro entre dientes—. Entrégueme esa linterna y venga conmigo pacÃficamente, o de lo contrario lo pondré afuera.
Saxon sentÃa temor por Billy, aunque sólo a medias. TenÃa la certeza de que ese hombre no se atreverÃa a disparar el arma, y experimentaba aquellas viejas sensaciones de su raza ante el valor que demostraba su esposo. En ese instante no le podÃa ver el rostro, pero sabÃa con toda seguridad que estaba ensombrecido, frÃo, de la misma manera aterradora que le habÃa visto cuando luchaba contra los tres irlandeses.
—No serÃa el primer hombre que mato —le amenazó el condestable—. Soy un viejo soldado y no me desmayo ante la presencia de la sangre …
—Entonces deberÃa tener vergüenza de sà mismo —le interrumpió Saxon— por tratar de amedrentar y dañar a gente pacÃfica que no han hecho mal alguno.
—Al dormir aquà incurrieron en delito —se justificó—. Esto no les pertenece y está en contra de la ley. Y la gente que va en contra de la ley tiene un solo destino: la cárcel, y allà irán ustedes dos. Ya mandé a muchos vagabundos treinta dÃas a la sombra por hacer lo mismo que ustedes. Y ése es el lugar que les corresponde. Y ya les vi la cara y puedo darme cuenta que son gente de mala facha —se volvió hacia Billy—. Y ya perdà bastante tiempo con usted. ¿Se entregará y marchará tranquilamente?