El Valle de la luna
El Valle de la luna —Ahora le diré un par de cosas, viejo calamitoso —le respondió Billy—. En primer lugar, usted no nos arrestará, y en segundo, esta noche seguiremos durmiendo aquÃ.
—Déme la linterna —exclamó autoritariamente el condestable.
—¡Cola… de barbas! Vamos, despeje que molesta, salga de aquÃ. Y en cuanto a su antorcha la irá a buscar dentro del barro.
Billy arrojó la linterna de la misma manera que una pelota de baseball, y la puerta se iluminó brevemente. Ahora se encontraban en la oscuridad más completa y podÃan escuchar perfectamente el crujido de la dentadura del colérico visitante.
—Y ahora empiece a disparar y veremos qué sucede —le dijo amenazándole Billy.
Saxon buscó la mano de su marido y la apretó con orgullo. El condestable profirió una amenaza.
—¿Pero qué sucede? —dijo Billy con energÃa—. ¿TodavÃa no se marchó? Escuche, señor de las barbas, no tendré ningún miramiento con usted. ¡Salga o si no lo echaré de aquÃ! Y tendrá lo que se merece si vuelve a fastidiar. ¡Largo de aquÃ!
El estrépito producido por la tempestad era tan grande que no podÃan escuchar nada. Billy lió un cigarrillo. Cuando lo encendió vio que no habÃa nadie en el corral fuera de ellos dos. Rió.