El Valle de la luna
El Valle de la luna —Estaba tan enloquecido que me olvidé de mi «dado vuelta». Y recién ahora comienza a hacerse escuchar nuevamente.
Saxon hizo que se acostara y le acarició otra vez para que se durmiera.
—No tiene ningún objeto marcharse antes de la mañana —le dijo ella—. Entonces, ni bien haya luz de dÃa, tomaremos el tranvÃa para San José, comerás una chuleta caliente e irás a una farmacia para que te pongan un emplasto o cualquier cosa necesaria que te cure el dedo.
—Pero Benson… —murmuró Billy.
—Le hablaré por teléfono desde la ciudad. Costará sólo cinco centavos. Vi que la lÃnea llega hasta su casa. Y no podrÃas arar por la lluvia aunque tu dedo estuviese bien. Además, yo también aprovecharé para curarme. Mi talón estará en condiciones cuando se componga el tiempo y entonces podremos seguir el viaje.