El Valle de la luna
El Valle de la luna Una hora después habÃan recorrido tres millas por el camino que llevaban, y se sentaron al borde de la carretera, y vieron que un automóvil venÃa detrás. Pero el vehÃculo no pasó de largo. Benson era la única persona que iba en su interior y se detuvo unto a ellos.
—¿A dónde van? —le preguntó a Billy al tiempo que le echaba a Saxon una mirada rápida y escrutadora.
—A Monterrey…, y si usted va tan lejos… —respondió Billy un poco burlonamente.
—Puedo llevarlos hasta Watsonville. Ese trayecto les llevarÃa varios dÃas a lomo de caballo con las cargas que soportan. Suban —se dirigió a Saxon—. ¿Quiere ir adelante?
Saxon miró a su esposo.
—Ve adelante —dijo él—. Ir al frente es lindo… Es mi esposa, señor Benson…, la señora Roberts.
—Ah, ¿es usted la que arrebata a su marido de mi lado? —le dijo con buen humor el dueño del vehÃculo, mientras arreglaba la funda del asiento que quedarÃa debajo de ella.
Saxon se decidió a hacerse cargo de toda la responsabilidad pero se quedó mirando atentamente cómo ponÃa en marcha el automóvil.