El Valle de la luna
El Valle de la luna —SerÃa un granjero terriblemente pobre si no tuviera más tierra que la aró antes de llegar a mi campo —dijo Benson al mismo tiempo que guiñaba el ojo y volvÃa la cabeza para hablarle a Billy.
—Salvo una sola vez, nunca tomé un arado entre mis manos —confesó Billy—. Pero tenÃa que aprenderlo.
—¿A dos dólares por dÃa?
—Si es que puedo encontrar a algún romántico de la alfalfa que acepte —le respondió Billy risueñamente.
Benson rió complacido.
—Usted es rápido para darse cuenta de las cosas —le dijo cumplimentándolo—. Noté que usted y el arado no son amigos desde hace mucho tiempo. Pero de cualquier manera lo hizo muy bien. No hay uno solo de cada diez que se elija por los caminos que pueda desempeñarse tan bien como lo hizo usted al tercer dÃa. Pero su especialidad son los caballos. Lo que le, dije esa mañana de tomar las riendas, fue medio en broma. Usted es realmente un caballerizo y un jinete nato.
—Es muy aficionado a los caballos —dijo Saxon.