El Valle de la luna
El Valle de la luna —Pero hay aún algo más que eso —le respondió Benson—. Su marido tiene adentro de sà mismo el modo de hacer las cosas. Eso es difÃcil de explicar, pero es asà no más…, el modo… la manera… Casi se trata de un instinto. La bondad es necesaria pero el dominio hace más falta. Y su marido domina a los caballos. Por ejemplo, ahà está la prueba a que lo sometà con el carro de cuatro caballos, cargado de maquinaria. Era muy difÃcil y complicado. La bondad solamente no servirÃa, también se requerÃa dominio. Me di cuenta cuando comenzó, porque no tuvo la menor vacilación. Los caballos tenÃan la sensación de que era él quien los manejaba. Los animales, simplemente, sabÃan qué se harÃa y qué era lo que les correspondÃa hacer. No sentÃan ningún temor, porque sabÃan, como algo natural, que el que mandaba estaba en su puesto. Ni bien tomó las riendas dominó a los animales. Los dominó completamente ¿entiende eso? Los guió llevándolos hacia donde él querÃa, hacia atrás y hacia adelante, a la derecha y a la izquierda, los hizo tirar, aflojar y retroceder…, y los animales sabÃan instintivamente que todo iba a salir bien. ¡Oh, los caballos! Serán estúpidos pero no locos. Se dan cuenta cuando los maneja el hombre apropiado, aunque ciertamente no me doy cuenta cómo pueden saberlo.