El Valle de la luna
El Valle de la luna Benson se detuvo algo molesto por el desborde de palabras que había hecho, y la contempló atentamente a Saxon para ver si le había escuchado bien durante todo el tiempo. Lo que adivinó en su rostro y en sus ojos le satisfizo, y agregó con una breve sonrisa:
—Mi debilidad es la carne de equino. No tiene por qué suponer otra cosa al ver que manejo una máquina maloliente. Preferiría andar manejando una buena yunta de animales rápidos. Pero perdería tiempo y, peor todavía, siempre pasaría malos momentos con ellos. Y en cuanto a este armatoste es algo que no tiene nervios, coyunturas delicadas ni tendones. Lo único que hay que hacer es dejarlo roncar.